martes, 8 de enero de 2013
Retornos del Espejo
viernes, 21 de septiembre de 2012
Solo frente a la sombra del tiempo
martes, 17 de enero de 2012
Oír campanas
No pretendo resultar monotemática, pero los medios deberían informarse bien antes de publicar cosas sobre Luis Cernuda. Menos mal que aquí estoy yo para corregirlos…
Hoy, la cosa viene a propósito de la polémica surgida con todo esto de la muerte de Fraga. Por una parte, aparecen los suyos elogiando sus virtudes como hombre democrático, entregado a su patria -¿¿democrático?? Por otra, salen a la luz una retahíla de perlitas que Don Manuel soltó a lo largo de su vida, como aquella tan célebre de “La calle es mía”. Y luego ya pasamos a mezclarlas con literatura; y como de literatura sabemos poco, y menos aún de la vida de los literatos, pues metemos la pata…
Así, mi madre me comenta que ha escuchado esta tarde por la radio -concretamente, en La Ventana, de Cadena SER- algo sobre que Fraga le negó a Cernuda el regreso a España para asistir al entierro de su madre. Intrigada, porque no me cuadraban las fechas, he indagado un poco en Internet para comprobar que mi madre se había enterado bien. Y, efectivamente, en decenas y decenas de blogs y medios digitales aparecía relatada la misma anécdota -incluidas páginas personales de reputadas escritoras.
Según dichos medios, en la década de los sesenta –no especifican año-, la familia de Luis Cernuda le pidió permiso a Manuel Fraga para que el poeta pudiera regresar a España desde su exilio mexicano –llevaba fuera de nuestro país desde 1938-, para poder asistir al entierro de su madre. La respuesta de Fraga, supuestamente, fue: "Que se quede donde está, ¡ya tenemos bastantes maricones en España!".
Ahora, yo pregunto: ¿cómo es posible que Cernuda quisiera asistir en los sesenta al entierro de su madre, si su madre falleció en 1928? A simple vista, se nos abren varias posibilidades: que Luis descubriera una segunda madre, que hubieran desenterrado los huesos de la buena mujer para proporcionarle un segundo entierro… O la tercera y más probable: que los medios se hayan colado. Porque Amparo Bidón, madre del poeta, falleció el 4 de julio de 1928, víctima de la llamada enfermedad por arañazo de gato, surgida por una herida que se infecta. El hecho fue un duro golpe para el joven Cernuda, que escribió: «Me dicen que ahora dejaré de ser un chiquillo. Poco me importaría serlo siempre con tal de que mi madre viviese. Ahora que la he perdido sé cuánto la quería.». Estas palabras están fechadas en 1928. Más claro, el agua.
Por otra parte, no dudo que la historia esté basada en un hecho real, y efectivamente Fraga se refiriera a Cernuda con palabras similares a las que le atribuyen. Mi modesta opinión es que algún medio –el primero que haya sacado a la luz todo esto-, ha oído campanas y no sabe dónde: se ha equivocado de muerto, por decirlo de una forma un poco cínica. Si recordamos que en 1960 –febrero y julio- fallecieron las hermanas del poeta, Amparo y Ana, podemos hacernos una idea de por dónde van los tiros. Seguramente, lo que ocurrió fue que Cernuda quiso asistir al entierro de una de las dos, en 1960, y en ese momento sería cuando Fraga le soltara su famosa perlita. Lo más probable es que se tratara de Ana, que tenía descendientes, y de ahí que la familia de Cernuda pidiera permiso para que asistiera al entierro de "su madre". Pero no la madre del poeta, ¡no! La madre de los hijos de Ana Cernuda...
Pero digo yo, ¿qué cuesta informarse bien antes de publicar informaciones falsas? Cuatro años de Periodismo, donde me han grabado con sangre eso de “el periodista debe contrastar fuentes”, para ahora ver que mis compañeros de profesión se limitan a oír campanas y a pensar que bueno, que sobre la vida de un escritor tampoco hace falta ser muy precisos, porque en general nadie la conoce… Por favor, que he llegado a leer por Internet: Corrían los años setenta cuando Cernuda quiso volver a España… ¿¿Los años setenta?? ¿Tanto cuesta meterse en Wikipedia y ver que Cernuda murió en 1962? Tengo la impresión de que mañana otro publicará que el poeta se negó a asistir al entierro de Fraga, porque este le llamó maricón. Igual que en el juego del teléfono escacharrado: de una anécdota real acaba construyéndose un absurdo. Y pensar que habrá tantas y tantas equivocaciones en los medios, y solo nos enteramos de una mínima parte…
sábado, 5 de noviembre de 2011
En favor de Luis Cernuda

VI
El mar es un olvido,
Una canción, un labio;
El mar es un amante,
Fiel respuesta al deseo.
Es como un ruiseñor,
Y sus aguas son plumas,
Impulsos que levantan
A las frías estrellas.
Sus caricias son sueño,
Entreabren la muerte,
Son lunas accesibles,
Son la vida más alta.
Sobre espaldas oscuras
Las olas van gozando.
.
Esta mañana, casualmente, se me ha ocurrido buscar en Google este poema de Cernuda, que aparece ordenado en sexto lugar en su famosa obra Donde habite el olvido. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que, en la primera página, aparecía a nombre de… ¡Jorge Guillén! Un fallo –pensé-: un pequeño fallo a la hora de etiquetar al autor… Con toda mi buena fe, he dejado un comentario corrigiéndolo, y he vuelto a Google.
Pero, ¡horror! En la siguiente página, también aparecía Guillén como autor, y en la siguiente, y en otra más… Algunas llevaban elaboradas desde 2006. He empezado a dudar de mí misma, al ver textos del tipo:
El Mar Es Un Olvido de Jorge Guillen. Este poema es parte de la obra literaria y Poemas Jorge Guillen Otros de sus poemas como La Caricia Adormece de Jorge Guillen – Los Fieles Amantes de Jorge Guillen […]
Confusa, he sacado mi ejemplar de Poesía Completa de Luis Cernuda, de Siruela, y he comprobado que el poema estaba ahí: idéntico, palabra por palabra, en Donde habite el olvido. El fallo no es mío.
¿Qué hubiera dicho Luis Cernuda, el extremadamente perfeccionista Luis Cernuda, si llega a enterarse de que una creación suya aparece públicamente a nombre de otro? Él, que se indignaba ante cualquier mínima incorrección; casi me parece oír su voz bramando desde un más allá inexistente, insultando a todos esos crustáceos que han osado equivocarse… Realmente, es una gran ironía. Y más irónico resulta aún que con quien se le confunda sea precisamente con Guillén, el poeta del que durante toda su vida trató de alejarse, desde que en 1927 gran parte de la crítica arrasara ferozmente con su primer libro, Perfil del aire, acusándolo de ser un plagio de Cántico. En 1948, Cernuda todavía sentía vivo el rencor en su corazón cuando publicó El crítico, el amigo, el poeta, un diálogo imaginario que le sirvió para exponer, uno por uno, sus contraargumentos a lo que se había dicho de su librito. Cernuda quedó tan traumatizado que, en ediciones posteriores de su poesía completa –recogida bajo el título genérico La realidad y el deseo-, modifica en gran parte el contenido de Perfil del aire, que incluso pierde su nombre para convertirse en un abstracto Primeras poesías. Visto lo visto, ¿cómo se hubiera sentido Cernuda si en 2011 todavía se le confunde con Jorge Guillén?
Dejando aparte las extravagancias del carácter cernudiano, creo que en este caso su indignación estaría bien justificada. No quiero con esto acusar a ninguna página en concreto, porque está claro que, después de que una haya cometido el fallo, las otras simplemente se han encargado de copiarla sin detenerse a comprobar el contenido con un libro del poeta al lado. Se trata, una vez más, del clásico error de no verificar las fuentes, que en ámbitos como el periodismo produce tan terribles consecuencias. Esto nos vuelve a demostrar que no podemos fiarnos nunca completamente de la información publicada en la red. Yo he descubierto esto hoy con Cernuda, pero quién sabe la de ejemplos que habrá donde ocurra lo mismo…
Volviendo a este caso concreto, también me extraña que nadie se haya dado cuanta aún, si en algunas páginas las publicaciones datan de 2006. Quizá es el aparentemente escaso interés que despierta la literatura clásica en nuestra sociedad –digo aparentemente, porque eso está por discutir. De cualquier forma, no pretendo con esto resultar pedante –de hecho, algunas de estas páginas de poesía las tengo en Favoritos-, sino reivindicar la autoría de Cernuda en este poema. Como escritora (aunque no reconocida), a mí me fastidiaría terriblemente un fallo tan absurdo pero tan increíblemente propagado. Cernuda ya no existe como tal para defenderse, pero aquí quedamos los defensores de su memoria…
Dejo aquí algunas de las páginas erradas:
http://amediavoz.com/guillenjorge.htm
http://www.poemasde.net/el-mar-es-un-olvido-jorge-guillen/
http://www.poesiaspoemas.com/jorge-guillen/el-mar-es-un-olvido
http://www.poemas911.com/poema-el-mar-es-un-olvido-jorge-guillen-poemas-de-amor/
http://www.vivir-poesia.com/el-mar-es-un-olvido/
http://www.artepoetica.net/Jorge_guillen1.htm
Esta me ha llamado especialmente la atención por tratarse del seminario de una fundación universitaria que, como vemos, ha cogido la información de una de las selecciones poéticas erradas, “A media voz”:
http://www.litesnet.com/guillen_jorge.htm
Es un ejemplo de cómo un pequeño error en una página puede llegar a instituciones más elevadas, como las universitarias…
martes, 4 de octubre de 2011
El poeta de dos caras

Acabo de leer que ayer se cumplió el 115º aniversario del nacimiento de Gerardo Diego (1896-1987), poeta y crítico de la Generación del 27. Abandonaré aquí la objetividad –si es que alguna vez la he alcanzado, aunque sea a medias- para confesar que se trata de la figura que menos simpatía me suscita de dicha generación literaria, siempre partiendo de mi enorme interés, en general, por este período.
Y sin embargo –curiosa contradicción- son precisamente dos versos de Gerardo los que dan nombre a este blog, pertenecientes a su poema Columpio, incluido dentro de su obra Imagen. Es esta obra, junto a Manual de espumas, las únicas que realmente salvaría de toda su trayectoria. Es posible que mi postura resulte presuntuosa y con alardes cervantinos –eso de quemar, metafóricamente hablando, todos los libros que no considero interesantes-; pero ya he anunciado al lector que en esta ocasión iba a pecar de subjetiva.
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COLUMPIO
A caballo en el quicio del mundo
un soñador jugaba al sí y al no
Las lluvias de colores
emigraban al país de los amores
Bandadas de flores
Flores de sí
Flores de no
Cuchillos en el aire
que le rasgan las carnes
forman un puente
Sí
No
Cabalgaba el soñador
Pájaros arlequines
cantan el sí
cantan el no
*El poema anterior es en realidad un caligrama, pero el sistema de edición de este blog no permite visualizarlo como tal.
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Imagen y Manual de espumas tienen en común que son sus obras puramente vanguardistas: en ellas encontramos ingeniosos caligramas que rayan en el ultraísmo –o creacionismo, también llamado por algunos críticos-, como acabamos de ver en Columpio. Pero en relación a la trayectoria de Diego, constituyen una magistral excepción, puesto que el resto de su poesía –la llamada tradicional- tiende al clasicismo: es el Gerardo archiconocido, el de El ciprés de Silos y el Nocturno. Estos que acabo de nombrar son, precisamente, dos de los más celebrados por la crítica. Yo, sin embargo, los encuentro anticuados si los enmarcamos en una época tan rica, vanguardísticamente hablando, como la Edad de Plata. Y tratando de no generalizar tanto, hay que reconocer también a Gerardo la originalidad de su poemario La fábula de Equis y Zeda, una curiosa mezcla de barroquismo y vanguardia. Esta vena tan alejada del resto de su poesía le viene dada seguramente por la influencia de quien fue su íntimo amigo, Juan Larrea, una de las figuras más importantes en la escuela del ultraísmo –que, recordemos, fue un movimiento que nació en España. El propio Gerardo Diego estuvo muy sumergido en dicha escuela, y colaboró en varias de sus revistas. Personalmente, considero una lástima que no hubiera desarrollado más esa faceta.
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Juan Larrea y Gerardo Diego
Dejando un poco de lado su estilismo poético, hay que decir que Gerardo Diego fue una figura algo particular en su entorno, en cuanto a que se alejó de la tendencia ideológica de la mayoría de sus compañeros de generación –me refiero, claro está, a los más conocidos. Es cierto que no fue el único que permaneció en España al terminar la Guerra Civil, pero sí el único absolutamente convencido de las ideas que regían la nueva dictadura, a pesar de que erróneamente exista la manía de dar por hecho que todo el que se quedó estaba de acuerdo con el franquismo, metiendo en el saco, por ejemplo, a Vicente Aleixandre, que de derechoso no tenía nada. Gerardo Diego, por el contrario, nunca ocultó su ideología. Son conocidos, por ejemplo, sus poemas dedicados a la Falange. Y entre unas cosas y otras, alguna enemistad más o menos consolidada se ganó, entre sus compañeros de generación. Y a esto le hemos de añadir los antiguos rencores nacidos de la selección de poetas para incluir en su famosa Antología poética de 1932 –hubo quien llegó a referirse a él como Gerardo, viejo cardo.
Sintetizando; Gerardo Diego fue un integrante un tanto especial de su generación; y un poeta de dos caras –desde luego, no se puede decir que siguiera un único estilo, puesto que pasaba de la vanguardia más atrevida al más tradicional de los clasicismos. Y a pesar de que no me sea simpático, he de reconocer su importancia en la historia de nuestra literatura. Era menester dedicarle al menos una entrada de este blog… Además de su título.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Primera visión de Luis Cernuda
Portada del libro
Aprovechando que hoy se cumplen 109 años del nacimiento de mi más admirado poeta, Luis Cernuda; aquí os dejo un fragmento del susodicho libro: el momento en que Morla habla por vez primera con Cernuda. Espero, de esta forma, tentaros a que leáis el resto de la obra; realmente lo merece. Y sin más, sumerjámonos en las palabras de Carlos Morla del 27 de marzo de 1932…
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Voy a conocer posiblemente en estos días, por intermedio de Federico, a un joven poeta cuya extraña personalidad me interesa y atrae: Luis Cernuda. […] Llegó a mis manos un día la Antología Española -1915-1931- publicada por nuestro amigo, también poeta destacado, Gerardo Diego, y en ella me fue dado contemplar su efigie: un chico de aspecto tranquilo, elegante y distinguido, sin nada de sombrío, sin nada de vate despreocupado y bohemio. Apariencia de niño grande, a un tiempo simpático y serio, con una nariz graciosa ligeramente respingada que le imprime carácter a su fisonomía.
Fotografía de Cernuda en la Antología de Gerardo Diego
Cada poeta que figura en este florilegio anota al pie de su imagen una manera de apreciación sobre sí mismo. Especie de autorretrato breve, moral e íntimo. Cernuda escribe:
«No valía la pena ir poco a poco olvidando la realidad para que ahora fuera a recordarla, y ante ¡qué gente! La detesto como detesto lo que a ella pertenece: mis amigos, mi familia, mi país. No sé nada, no quiero nada, no espero nada.»
[…] Manolito Altolaguirre, Federico y Rafael Martínez han cenado en casa. Cernuda les había dicho que vendría. Pero no ha venido. En el transcurso de la noche, Manolito ha hablado con él por teléfono y luego me ha llamado para que lo haga yo.
Sufro una fobia invencible ante este aparato. No sé expresar lo que siento cuando no miro a la persona con quien hablo. No comprendo lo que me dice ni ella me entiende a mí. Hay más –y no debería decirlo, porque es una insania-: imagino que tiene la cara verde el ser invisible que se encuentra al otro lado del alambre. Pero cojo, no obstante, el instrumento transmisor.
En este primer encuentro de cuerpo ausente, su voz, dentro de su frialdad explicable, me parece, sin embargo, atrayente y cálida, no así sus palabras, que resuenan en el aparato cortantes y evasivas:
-Estoy cansado, muy cansado, señor Morla, «y deseoso de terminar». (¿?) Este es el motivo que me impide ir a su casa –me dice hablando muy deprisa.
-Me llamo Carlos –le contesto sencillamente.
Repite entonces la frase entera, pero suprimiendo esta vez en ella lo de “señor Morla”.
-Estoy cansado, muy cansado, Carlos…
Y no hubo más…, pero el cambio de tono me satisfizo. Me queda la impresión de que podremos comprendernos y ser amigos.
Carlos Morla Lynch, En España con Federico García Lorca
miércoles, 17 de agosto de 2011
75 años más tarde
Hoy se cumplen tres cuartos de siglos desde que en Granada, "en su Granada", los falangistas asesinaran vilmente a uno de los poetas más grandes de toda la Historia de la Literatura Universal. ¿Sus delitos? Ser homosexual, de izquierdas, poeta. Podría detenerme a comentar los más recientes devenires de la odisea que parece suponer encontrar sus restos (mi teoría es que la familia ya está al corriente del paradero, pero esa es otra historia...) y de todos los estudios que se están realizando (el más fiable, a mi parecer, el de Gibson). Pero hoy no tengo palabras para el hombre muerto; quisiera tenerlas para el poeta vivo -siempre vivo-, y por eso doy voz a uno de sus mejores amigos: el también magistral Luis Cernuda, que escribió en 1931:
Un día, allá en la vega de Granada, nació un niño a cuyo alumbramiento asistieron todas las hadas. Una le dio el don de la simpatía, otra le dio ángel, otra le dio poesía; cada una le dio, en fin, su don especial. Pero cuando parecía que todas le habían saludado ya con tan graciosos presentes se vio que, oculta por las demás, aún quedaba un hada, menuda y apacible, al lado de las otras, evaporada de orgullo. Se acercó esta última y otorgó al recién nacido el don de saber vivir. Andando el tiempo, este niño, que se llamaba Federico García Lorca, puso en práctica los dones de las hadas. Sus poesías gustaron apenas escritas; aún inéditas, sus amigos las copiaban y aprendían de memoria; encontraba editores para sus libros; hasta los dragones de la Revista de Occidente se dormían blandamente a su paso. Y, en fin, sus amigos eran amigos suyos verdaderamente.
En efecto, esta última frase debiera ser muy cierta para que alguien como Cernuda -muy especial en el trato- le hubiera dedicado tan generosas y admirativas palabras, y no fueron las únicas. En lo que a mí respecta, el Lorca surrealista me abrió un mundo nuevo a la hora de escribir mis propias composiciones, y su poesía y su persona me atraen irremediablemente. Porque esa trsiteza envuelta en alegría -y en ganas de vivir, como decía Cernuda- siguen ejerciendo su aura deslumbrante después de tantos años. Y siempre, siempre, me acuerdo de ese verso profético de "Gacela de la muerte oscura":
Quiero dormir un rato;
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan
que no he muerto.
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